A quien estoy perdiendo.
Determinado a amarte por tus perlocuciones,
me detestas tú por las mías.
¿Me he convertido ya en hidra monstruosa?
Estoy encogido por dentro.
Mis vísceras añoran la voz de tu garganta,
mis dedos desean tus contracturas,
tengo hambre de tu estar y no puedo saciarme.
Me siento solo,
y ya no estás conmigo.
Y no comprendo,
ya no lo comprendo.
Perdóname,
perdona a mis estructuras, estructuraciones, estructuramientos.
El recuerdo da dolor.
Sentir que te has marchado da dolor,
y el dolor no me enseña nada.
Nada.
Nada más que los dientes con los que me mastica.
El miedo me digiere,
y a ratos me doy cuenta.
Pululo por sus intestinos alimentándolo.
¿Aprenderé virtud como Jonás?
¿O quedaré desecho, defecado e inútil?
¿Sentirá paz el abono?